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Historia de dolor #1

Historia basada en un hecho real

Era un día normal de otoño del 2009. Julia Popova de 22 años salía más temprano de lo común del trabajo y como solía hacer cuando tenía ganas de llegar a casa, decidió tomar un atajo. Ella reconocía que el camino era poco pintoresco, hecho que no lo hizo más frecuente, pero no le importó ya que le ganaba algunos minutos al reloj.

En uno de los intrincados callejones que conocía bien, vió a un chico de mediana edad unos metros más adelante. No cumplía exactamente con los estereotipos que tenía Julia de «persona amable». Se dijo a sí misma que en su propia apariencia, la amabilidad y la inocencia también brillaban por su ausencia, así que decidió seguir en su camino.

A tan solo unos metros de distancia el chico se interpuso en su camino y enseñándole un cuchillo de 15 cm le pidió con violencia el bolso que llevaba encima. Aquel gamberro se acercó demasiado y de manera casi instintiva, Julia empezó a forcejear con él hasta que de repente, él salió corriendo en dirección opuesta, como si ya tuviera lo que estaba buscando.

Julia aún llevaba el bolso en sus brazos y solo tuvo que recoger del suelo algunas monedas que se habían caído durante el forcejeo, de las que ni siquiera el ladrón se dió cuenta. No todos los días el asaltante se encuentra con alguien que le plante cara, pensó. Sin embargo, le pareció extraña la reacción, aunque no le dió mayor importancia. Estaba muerta de miedo.

Volvió a casa en piloto automático sin saber cómo había llegado. Se metió en la cama y cubriéndose con las sábanas, esperó que todo hubiese sido una pesadilla.

A su madre le pareció extraño que Julia entrara directamente a su habitación sin decir nada, así que abrió su puerta y se la encontró tumbada de lado, de manera que solo podía ver su espalda. Bajo las sábanas se veía la silueta de su cuerpo y algo que sobresalía a la altura de su cuello que no tenía forma de peluche precisamente.

Al destapar para descubrir qué era aquello, observó horrorizada un cuchillo incrustado en la parte posterior de su cuello. Dió un grito de espanto que cogió por sorpresa a Julia. Esta se levantó de un salto y trató de entender qué había pasado. Fue un intercambio de sorpresas en la que ninguna de las dos sabía que estaba ocurriendo, hasta que la madre le dijo a voces «¡tienes un cuchillo clavado en la espalda!».

Sus padres la llevaron al hospital de inmediato e incluso allí, Julia no sentía ni el más mínimo dolor.

¿Cómo es posible que no sintiera nada? Tratar de responder a esta pregunta nos ayudará a entender por qué nos duele cuando nos duele. Entra en este enlace para profundizar un poco en el concepto de dolor.

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Este blog no constituye una relación terapeuta- paciente. Si tienes algún problema te animamos a que consultes a tu profesional sanitario de confianza o pidas una consulta con alguno de nuestros fisios.

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